Según la biodecodificación, la historia de nuestros ancestros puede influir en un embarazo.
Fechas de nacimiento y fallecimiento, parecidos físicos, profesiones, herencias directas, antepasados claves.
Todos estos datos toma esta terapia alternativa, outsider de la clínica, cada vez más presente como recurso para 'destrabar' temas puntuales y limitaciones personales.
Aunque como todo saber no avalado por la ciencia tiene sus detractores, la estadística casera de temas que se van repitiendo en una familia (con particularidades y detalles que van cambiando, por supuesto) es difícil de explicar desde la teoría, pero bastante contundente en lo real.

Las constelaciones familiares del alemán Bert Hellinger sostienen un postulado parecido (aunque con otra técnica terapéutica) a la disciplina anterior, que los miembros de una familia se influyen recíprocamente en su salud y en su conducta. Es decir, que todos estamos conectados y vivimos historias paralelas, pero especialmente lo estamos a nuestras familias y a nuestras parejas (familias elegidas). 

Fechas de nacimiento y fallecimiento, parecidos físicos, profesiones, herencias directas, antepasados claves.
Todos estos datos toma la biodecodificación el árbol familiar.

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Programas de infertilidad

Natalia Cestaro es consultora en Decodificación Bioemocional desde hace cuatro años (atiende en 'Árbol de la vida', Belgrano) y es docente del Curso de Terapeuta en Reprogramación Psicobioemocional.
A su consultorio llegan cada vez más casos de mujeres que no pueden quedar embarazadas (representan el 35% de las consultas), algunas con un diagnóstico médico y otras que no tienen un problema detectable.
A este impedimento, desde la biodecodificación se lo llama “programa de infertilidad”. ¿Cuál es la interpretación que ellos hacen? “Que su biología -dice Cestaro- las está protegiendo y resguardando de algo que para la historia de su árbol genealógico resulta muy traumático, de mucho sufrimiento e inclusive que puede estar asociado a la posibilidad de muerte.
Muchas de estas mujeres arrastran en su inconsciente biológico memorias de historias que han vivido sus ancestros, hasta sus madres, donde un embarazo o nacimiento está asociado a memorias dolorosas, entonces, se impide que ocurra.”

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¿Cómo vivieron nuestras madres, abuelas, bisabuelas sus embarazos y maternidades? Lo primero que debe hacer quien desea biodecodificar un tema en particular es recabar historias, cuentos, narrativas, fechas.
Como un investigador privado, entrevistar, preguntar, revisar documentos, indagar en lo que fue tapado u oculto.
¿Qué puede aparecer, según lo que dice esta perspectiva de trabajo? Antepasadas que han fallecido al dar a luz, bebés que no sobrevivieron o prematuros, abortos, un padre que abandonó a su mujer embarazada y nunca más saben de él, embarazos producto de violaciones, riesgo de vida (por alguna complicación) para las mamás, embarazos no deseados, tristezas o duelos durante la gestación, etc.

A todos se nos puede ocurrir que en alguna de nuestras ramas, materna o paterna, haya historias como éstas, pero, en algunos casos los traumas son más profundos y dejan secuelas en los descendientes.
“Estos programas vienen de historias tan fuertes que, muchas veces, la persona se genera síntomas físicos en su sistema reproductor
, que le impiden aun más el embarazo.
Enfermedades como trombofilia, endometriosis, fibromas, pólipos, miomas y quistes uterinos, de ovarios, trompas tapadas, varicocele, baja calidad de espermas, son algunos de estos ejemplos.
También hay personas que tienen este programa de infertilidad encubierto, y se manifiesta a través de que no consiguen pareja.
Sus relaciones son casuales, con nadie llegan a formar una unión estable o una familia, o cuando se plantea la posibilidad de ser padres, algo ocurre, y el vínculo se rompe”, agrega Cestaro.

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Embarazos que reviven historias

Para Violeta Vázquez, facilitadora del método Biodecodificación Rizoma y directora de la Escuela de formación profesional en puericultura y familia 'Panza y Crianza', todos los embarazos arrastran experiencias transgeneracionales, reviven y a la vez sanan viejas experiencias y sentires maternos.
“En el embarazo bajamos nuestras defensas físicas y psíquicas, para poder albergar la otredad sin sentir que nos pone peligro como lo haría cualquier ADN ajeno.
Este proceso de 'baja de barreras' invita también a que se rememoren antiguas huellas traumáticas y heridas transgeneracionales, en general aquellas que están en resonancia con las maternidades en nuestras familias”.

Si bien las revistas nos muestran embarazos rosas, celestes y blancos 'pureza', las mujeres siempre hemos sido rechazadas socialmente por sangrar, sudar, llorar, moquear, mancharnos con leche, flujo, sangre o transpiración; todos hechos normales y saludables en ciclos sexuales y reproductivos.
Estar embarazadas es lo mejor que nos puede pasar, pero también puede ser el momento más incómodo de nuestra vida, porque el foco de la supervivencia está en el más pequeño, y nosotras estamos disponibles para esa vida, aprendiendo a corrernos de nuestros lugares de placer, seguridad, brillo profesional, etc.
Por eso es tan importante que la maternidad y el embarazo se sostengan desde el deseo y nunca desde la imposición”, agrega Vázquez.

Este proceso de 'baja de barreras' invita también a que se rememoren antiguas huellas traumáticas y heridas transgeneracionales, en general aquellas que están en resonancia con las maternidades en nuestras familias.

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La Biodecodificación Rizoma trabaja sobre el concepto de 'proyecto sentido' desarrollado por el psicólogo francés Marc Fréchet.
Se trata de reflexionar sobre los programas inconscientes que el bebé recibe de sus padres y adultos “maternantes” en el periodo que va desde la concepción hasta los primeros años de vida.
En puericultura se le llama a esta etapa la “etapa primal” o los primeros 1.000 días que son de importancia estratégica: una ventana de oportunidad, el bebé es una esponja donde todo se marca. En esta etapa es fundamental la nutrición, el apego, el vínculo...
Pero también lo que le pasa a nuestros padres.

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“El proyecto sentido –dice Violeta Vázquez- puede empezar antes de la concepción, porque se trata del contexto emocional, social, político, cultural y vincular de mis padres a partir de mi llegada en su mundo psíquico.
Si mamá y papá se estaban por separar, pero debido a mi llegada siguen juntos, puedo sentir que mi proyecto y sentido es: 'debo unir a papa y a mamá', o 'soy la razón por la que mis padres no pudieron seguir vidas separadas y felices', esto en la adultez puede traducirse como 'uno todo lo que está separado' y derivar en una profesión como juez, mediador, cura, docente; o puede derivar en querer estar permanentemente en sectores y sitios de conflicto para 'cumplir la misión' y mantener 'a salvo' situaciones que merecen una revisión, una reconfiguración o una derrota.
También en la adultez puedo tener una actitud reactiva al proyecto sentido y buscar experiencias de abandono, corte o engaño para lograr darle a mamá y a papá la separación que merecen, a través mío.
Este sería un caso de lealtad invisible al clan.
Es como si dijera 'no me permitiré llegar más lejos que ustedes.'

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Cada historia familiar abrirá temas específicos y el terapeuta y consultante podrán revisar juntos esa historia para sacarla a la luz -primera paso importante- y luego reinterpretarla, para soltar las cargas que no son nuestras y seguir la vida, lo más creativa, original y autocentrada en nuestra misión particular que podamos. 

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original