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Blasphemous es un juego que consigue levantar revuelo allá por donde pasa.
Su estilo y desarrollo como metroidvania, un género muy querido por la comunidad de jugadores y que resulta tan entretenido como atractivo cuando se hace bien, su interesantísima estructura narrativa y su peculiar diseño hicieron de él una apuesta asegurada prácticamente desde su anuncio en 2017.

Probablemente por ese innegable elemento religioso que tiene el juego, tanto en su estética como en su mundo o en su historia, nos resulta imposible no rizar el rizo y buscar la metáfora fácil con la fe cristiana.
Hemos probado Blasphemous, lo hemos disfrutado y lo hemos sufrido.
Por ello, aunque sea únicamente por llevarle la contraria a San Pedro, vamos a contaros nuestra experiencia a través de tres afirmaciones sobre el nuevo título de TheGameKitchen.
Todo eso antes de que el gallo cante por segunda vez.

 

Sí, es un metroidvania que hace honor a su nombre

Un metroidvania es un género de videojuegos caracterizado por su potente elemento de exploración en un mapa que se va descubriendo conforme se avanza o, en muchos casos, conforme las habilidades del personaje le permiten avanzar.
Debe su nombre a los clásicos Metroid y Castlevania, que conquistaron al público con sus plataformas, combates e ítems variados y definieron el género en sí mismo.

Si hiciéramos una lista con todos los elementos que debe tener un metroidvania, Blasphemous aprobaría de sobra ya que cumple a la perfección la teoría que le incluye en el género.
Pero el título de TheGameKitchen va un poco más allá porque no solo parece un metroidvania sino que se siente como uno.

Quitando algún problemilla de control que, suponemos, se irá arreglando con las primeras actualizaciones, la jugabilidad de Blasphemous resulta cómoda tanto en el combate como a la hora de saltar de plataforma en plataforma.
En lo primero, la clave del éxito estará en los reflejos del jugador a la hora de golpear, parar o esquivar en el momento exacto y controlando a todos los enemigos que nos ataquen a la vez (cada uno con su propio patrón a memorizar) o a los no muy numerosos pero complicados jefes finales que se aparecerán.
En el apartado saltimbanqui, las caídas serán comunes pero conforme nos familiaricemos con los movimientos del Penitente nos ahorraremos muchas muertes torpes y vergonzosas.
Aviso: agarrarse a las escaleras puede suponer un auténtico desafío.

Imagen: TheGameKitchen

 

El estudio ha querido incorporar un esbozo de RPG al permitir cierta personalización en el Penitente sin tener que estar comprobando estadísticas, niveles y clases.
El jugador elegirá qué cuentas quiere colgar en su rosario, el núcleo de su espada o las reliquias que llevará consigo y cada una de estas variará parámetros del Penitente como la salud, el fervor o el daño que recibe o causa.

Ahora bien, con todo esto que acabamos de decir en mente, ¿llega Blasphemous al nivel de Castlevania: Symphony of the Night, máximo exponente de los metroidvanias? Eso lo debe juzgar cada uno.
Blasphemous bebe directamente de Symphony of the Night, coge sus elementos y los emplea según su propio criterio, actualizando unos y conservando intactos otros.
Consideramos que esta comparativa hay que entenderla no como dos rivales que compiten entre sí, sino como un hijo que ve en su padre (su predecesor) una inspiración y modelo a seguir.

 

Sí, merece la pena meterse en la historia

En Blasphemous no hay una larga introducción, no hay antecedentes que te pongan en situación ni libros o personajes cuya única finalidad es que el jugador se entere de qué está pasando a su alrededor.
Sí que nos encontramos con una especie de guía (nuestro Virgilio particular) que señala escuetamente la dirección en la que debemos avanzar y nos da ánimos en un par de remotos puntos del juego.
Quitando eso, estamos solos.

¿Y realmente decimos que merece la pena una historia que no nos es contada? Pues sí, la merece y mucho.
El título pone ante el jugador los detalles suficientes como para hacerse un esquema mental y que su viaje por Custodia no sea una simple vorágine de sangre y polvo, pero además oculta el resto de la historia en los objetos que se van encontrando o en las conversaciones que se pueden mantener con las pobres almas que saldrán a nuestro encuentro.
Es decisión del jugador profundizar en la trama y dedicar tiempo y esfuerzo a reunir las piezas que acabarán dando forma a la historia de Blasphemous.

El lore, término que hace referencia al conjunto de personajes, historias e información que compone el universo de un videojuego y a cómo se presentan al jugador, recuerda inequívocamente al tono narrativo de los Dark Souls, que en parte han servido de inspiración para Blasphemous.
Incluso podríamos decir que se trata de una extrapolación de la teoría del iceberg empleada por Hemingway por la cual sus textos contaban mucho más de lo que estaba escrito.

Imagen: The Game Kitchen.

 

Sí, el apartado visual es una maravilla

Los gráficos de altísima calidad y la captura de movimiento y expresiones faciales se han convertido en un elemento casi inseparable de los videojuegos AAA (y hay que reconocer su mérito).
Con todo, los títulos cuyos gráficos se componían del pixel art se han mantenido en el negocio e incluso han vivido un pequeño resurgir en los últimos años.
Tal vez se deba a una combinación de nostalgia por esos juegos de los 80 y primeros 90 que tanto disfrutamos o porque la construcción de escenarios y personaje detallados a partir de una cuidadosa distribución de píxeles de colores es una labor que se sigue apreciando.
Poco importa, la cosa es que los pixel art están más vivos que nunca y Blasphemous es una buena prueba de ello.

La financiación extra que TheGameKitchen consiguió a través de Kickstarter les permitió, además de alargar la historia y darle la calidad final con la que nos hemos encontrado, mejorar las animaciones y llevarlas un paso más allá.
Descrito como un pixel art hecho a mano, el equipo sevillano ha utilizado el folklore de su ciudad y la iconografía religiosa para construir una serie de criaturas y lugares con las que quienes hayan visitado Andalucía se sentirán familiarizados pero poseyendo una personalidad única.

Desde el capirote y la espinosa espada del Penitente hasta los muy variados enemigos y poderosos jefes finales, los habitantes de Blasphemous son el reflejo del cruel y corrupto mundo que les ha tocado vivir (como si se celebrara Semana Santa en el universo de Dark Souls).
Custodia se convierte en el escenario ideal para vivir el calvario del Penitente y cada lugar cuenta con sus propios detalles, características únicas y secretos que añaden profundidad a la experiencia y consiguen romper la “bidimensionalidad” introduciendo al jugador en el mundo que está recorriendo.

 

“Quiquiriquí”, cantó el gallo

TheGameKitchen ha conseguido crear una experiencia entretenida, que se disfruta y saborea conforme se avanza en ella al tiempo que hace pasar por malos tragos al jugador.
Tal vez buscando una mayor identificación con el Penitente, la sensación que a uno le queda al jugar a Blasphemous es que los desafíos que plantea y la frustración que provoca tienen su recompensa si se persevera.

Blasphemous no es obra de una gran empresa de renombre y alcance internacional, no ha sido desarrollado por un equipo formado por cientos de personas y no cuenta con unos gráficos fotorrealistas que nos hacen dudar de qué es la realidad y qué el videojuego.
Blasphemous es el proyecto de un estudio pequeño y sencillo que cree en lo que hace, el fruto del trabajo conjunto de unos desarrolladores comprometidos con su idea y el apoyo de una comunidad dispuesta a apostar por la calidad.
Alabado sea Blasphemous.

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Fuente: Muy Interesante >> lea el artículo original